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    Aija, pequeño pueblo recostado en la falda de los cerros vertientinos, tiene la capacidad de ofrecer, a los lugareños y foráneos, muchas vivencias interesantes.
    Las fiestas costumbristas anuales, como por ejemplo, la fiesta de Shanticho en julio y la de la Virgen Candelaria en febrero, son las atracciones mayores del lugar. Aparte de estas fiestas, sean esas u otros motivos la razón  de pisar suelo aijino, existe otra atracción y es las caminatas a diversos puntos del pueblo y sus alrededores. Algunos destinos muy apreciados son los legendarios cerros de Chuchunpunta, Pirurupunta, Quillayoc, Mulluhuanca, los dos imanes; la laguana de Qharán entre otros.
    La singular topografía de Aija, bastante escabrosa, desafiante, indomable y muy única conviertes estas caminatas en verdaderas aventuras, donde el esfuerzo físico, las experiencias preñadas de emociones se mezclan en una perfecta unión desembocando todo en sensaciones de regocijo, satisfacción y paz interna.
    La altura del lugar nos permite, casi, fundirnos con el infinito cielo. Y desde esas alturas, cual aves dispuestas a echarse en vuelo y conquistar los aires, tenemos ante nosotros esa naturaleza agreste, cautivadora y a la que pretendemos hacer nuestra, aunque sea, por un corto momento. Es la magia que se desprende de ese lugar ubicado en la serrania aijina.



    Vista de Aija desde Chuchunpunta

    Hermosa vista de Aija (Jonás Menacho, 2013)