Recorriendo la ciudad de Aija

    La Ciudad de Aija, capital de la provincia, está asentada sobre los bancos de "gnésis" o estratos de roca sedimentaria (barrios Jerusalén- Buenos Aires) y algunas bolzonadas de Tierra (zona central) y al borde de antiguos deslizamientos geológicos en proceso permanente de erosión, y de pendiente pronunciada que comprometen su estabilidad (Plaza de Armas, Qhatu, Praga, San Cristóbal). Su topografía declive de gradiente muy pronunciada, entre 25 a 30 grados de Praga a la Avenida Túpac Amaru.

    Según la Relación del cura José Antonio de Quijano, a la que nos remitimos nuevamente, la ciudad de Aija fue fundada en el asentamiento que ocuparon los antiguos ayllus, antes de la conquista incaica, cuyos nombres corresponden a las partes anatómicas de un animal, (llama o vicuña) que era el totem sagrado de ese tiempo. Estos nombres que en su mayoría se conservan como nombres de los barrios en la actualidad son: Shipsheqh o Shipsha, que era el barrio principal (hoy perdido), Kirún (diente), Roqhna o Roqhona (cuello); Huashán o Huaqhtán (espalda); Jirca o Urkún (frente); Shonqhon (corazón); Pupún (ombligo); Chuchún o Ñuñun (pezones); Shiquín o Siqhín (ancas) etc. Además habían otros barrios pequeños cuyos nombres se han perdido como: Cuyaq Carpa, Rarama Tapaqh, Colque, Ichoqh Karaq y Pillau o Huaraqh Pacha, que actualmente subsiste. También habían dos sitios conocidos para las ceremonias o reuniones públicas del conglomerado humano y son: Huanka Cuchu (actualmente corresponde a la esquina 28 de julio y San Martín); Shincull Cuchu (esquina de San Martín y La independencia).

    "La elección del lugar que debía ocupar la nueva población fue discutida y reñida. Unos querían que se edificase en el llano de "Pachakamashka" (tierra creada, hoy Pachaka) a una legua de Aija, en el camino a Huarás al pie del santuario de Illawaín, dedicado al rayo; otros, los de Shipsheqh, en este barrio, por ser el más importante de los barrios que se formaron bajo la protección del Totem; otros en el barrio donde vivió la joven ¡Ah Hija! donde se hallaba la huaca de Shonqhón o Pupún en la que, en la capilla provisional, Fray Peralta de la Peña bautizó a los gentiles. Los ánimos se acaloraron, los de Shipsheqh y los de ¡Ah Hija! se fueron de las manos y en la refriega las Pallas de Shipsheqh y las Pallas de ¡Ah Hija! se tiraron de los cabellos y los bailarines de "Aixa Burr", de ambos barrios se daban de garrotazos, esta vez. de a de veras. En el fragor de la batalla se eleva la voz autorizada de don Santiago Cortez del Riojo, minero de "Huancarrama", al pie de Huancapetí y dueño del ingenio de Ranchán, edificado a media legua de Aija, al pie del Cerro sagrado de la Luna, que se adoraba en Killayoqh. Se suspende la pelea para escuchar las palabras del caballero español: "Yo he querido y dirigido -dice- formar el Pueblo en el lugar de Shiquín, pues lugar dicho, es hermoso de vista, en donde yo hice mi capilla y fundé la fiesta de Santiago; mucho después hice pasar el santuario a mi ingenio de Rachán, en donde existe hasta el día de hoy, pues que se forme el Pueblo en el lugar de Shiquín a mi costo y bajo mi protección". Tal propuesta fue aprobada por los colonos mineros portugueses que lo ampliaron en el sentido de demoler el morro de Marcacoto, aplanar el terreno y edificar la población sobre la Cumbre, desde Shiquín hasta Urkún o Jirkán. Tan atrevida sugerencia, en caso de haberse realizado, habría hecho de Aija una población singular y única entre los pueblos de la región de Huaylas, gustó poco a los naturales, pues, dijeron que así desaparecería Shipsheqh y desaparecería ¡Ah Hija!. Quedó el punto sin resolverse, aceptándose la propuesta de don Santiago Cortez del Riojo de aplazar el asunto y dejar la elección del apostol Santiago, que sería el patrón del nuevo pueblo".

    "Pasan los días y llega un nuevo misionero de Huarás, celebra una misa y exhorta a los habitantes de los cinco barrios del conglomerado prehispánico, para que la iglesia se construya en el sitio de la capilla, en Pupún o Shonqhón, que Shipsheqh sin ¡Ah Hija! no podría nada, como tampoco ¡Ah Hija! sin Shipsheqh, y que sólo unidos formarían un pueblo grande. El milagro del patrón Santiago estaba hecho, el apostol había hablado por boca del misionero, ya nadie discute, todos se unen y al dia siguiente, don Santiago Cortez del Riojo con sus ingenieros y los mineros portugueses trazan a cordel la ubicación del templo.

    El plano de la nueva población, tal como existe hoy fue trazado por los cartógrafos portugueses Otaza y otros, constando en el documento expedido en la Sub-Dirección del Partido de Huaylas, que entonces tenía su sede en Carhuás, que lo límites de de la población de Aija serían: "Por la altura la ceja de Huashán o Huaqhtán, por un lado Chuchún o Ñuñún; por otro lado Roqhna o Shimi Huaqhaqh y la parte baja Kirún, con 2000 varas de circunferencia. Son los linderos conocidos; divídase en pertenencias o manzanas de cien varas cuadradas, entre dos filas de manzanas quedan trazados los callejones o callejuelas en sentido vertical y horizontal. Así habrá de constar escritura en la Oficina de la Sub-Delegación del Partido de Huaylas.

    Tales fueron los orígenes de la ciudad de Santiago de Aija y tiénese por ciertas y proféticas las palabras que pronunciara en el bautizo de los gentiles, Fray Pablo Peralta de la Peña: "Los habitantes y habitadores de Aija se multiplicarán y se elevarán ante la perspectiva y la fecundidad; siendo así una ciudad, una potencia que dominará a los pueblos de esta región ultramontana".

    Entonces, desde los tiempos lejanos de su fundación hispana (probablemente en el siglo XVI) hasta el tiempo presente -1992- ya han transcurrido siglos y, la ciudad de Aija, que hemos conocido en nuestra niñez ha crecido, se ha expandido, principalmente hacia el barrio Jircán o Urkún - Buenos Aires. Con la multiplicación de sus habitantes, han nacido otros barrios circundantes como: Huancall, Yeso, Chilcao, Shiquín, Marcacoto, Paqhos, etc, y este proceso ha de continuar en el tiempo.